Cómo carambas no comerme las emociones

Dicho qué es eso de comerme las emociones, viene el asunto de entenderlas y aprender a manejarlas, tanto a las ‘buenas’ como a las ‘malas’, pues ello influye directamente en las decisiones que hago a la hora de comer. Entre mejor me conozco y más consciente estoy de lo que me sucede, mayor es el equilibrio con el que me alimento y menor mi necesidad de refugiarme en la comida.

Para evitar recurrir a ésta como remedio (por ansiedad, estrés, angustia o aburrimiento) o como recompensa (por alegría o felicidad), hemos escuchado decir: “Toma agua, busca alimentos distintos al que se te antoja o distrae tu mente en otra cosa…”. Pero admitámoslo, a la larga no funciona y eso no es solucionar el asunto, simplemente darle la vuelta.

¿Qué hacer entonces? 

Fuera de los horarios de las tres principales comidas, calificar del 1 al 10 qué tanta hambre tengo cada que me llevo algo a la boca ayuda a saber si como impulsada por las emociones y cuándo. Y una vez detectada la emoción, la cosa es darle ‘espacio’. ¿Cómo?

Inhala y exhala profundamente: Al hacerlo durante un par de minutos, el cuerpo recibe la señal de relajarse. Con la mente y el cuerpo un poco más despejados, nombrar las cosas resulta más sencillo.

¡Escúpelo!: Si algo te estresa, te angustia o molesta, dilo en voz alta, así sea solo para ti misma. Al hacerlo, estás aceptando lo que te sucede en vez de ‘tragártelo’ o negarlo. También funciona escribir en un papel eso que traes entre ceja y ceja y tirarlo a la basura. Aceptar las cosas como son suele proporcionar alivio. Si se trata de algo positivo, también vale la pena que admitas tu alegría y emoción por ello. Disfruta el paso de esas sensaciones.

Estírate: El simple hecho de estirarte como los gatitos o los perros lo hacen cada mañana ayuda a distender tus músculos. Siente cómo te agradecen que les des atención.

Actívate: Elevar los niveles de endorfinas siempre ayuda a ver las cosas desde una perspectiva más positiva. No tienes que ir a correr una hora para lograrlo: 15 minutos de cualquier tipo de actividad física bastan para empezar a sonreír.

Ríete: Trae a tu mente algún buen recuerdo, lee alguna tira cómica… Busca esas fuentes de alegría que hay en tu vida. Si hay algo negativo, necesariamente hay algo positivo (la ley del yin y el yang). Traerlo a tu mente puede equilibrar tus emociones.

Depura un cajón: Una acción muy simple y eficiente. Poner en orden un espacio ayuda a despejar la mente más de lo que uno pensaría. Depurar potencia esa sensación.

Déjalo para luego: si no es una cuestión urgente y puedes resolverlo más tarde, de momento concéntrate en otra cosa. Hay veces que la mente está muy embotada como para resolver algo y eso genera mucha ansiedad. No se trata de que lo evadas indefinidamente, sino de dejar reposar la cuestión. Un rato después puede resultar más sencillo encontrar por dónde atajarla.

Una cosa más… Si realmente tu hambre es física, come. Quizá llevas demasiado tiempo sin ingerir alimentos. Y si al final te comes tu emoción, la forma más contundente de lidiar con la culpa posatracón es moderarte. Cómete ese antojo pero en una porción más pequeña y hazlo con conciencia: siente su textura, su sabor. Disfrútalo con calma. Si algo hace daño en esta vida es relacionarnos tanto con la culpa.

Lo antes posteado:

Cosas que el hambre emocional suele decirme

Con información de The Mayo Clinic, Mother Nature Work y Tufts Nutrition.

Un Comentario

  1. Mucha razón. Yo aplico la de reírme como histérica cuando algunos clientes me sacan de quicio; salgo al pasillo, respiro profundamente y luego suelto una carcajada. Mis compañeras se ríen, pero cuando les explico de qué se trata… pues bueno, ya también ellas están aplicando el irse a tomar agua, dar una vuelta por el patio, etcétera… También comencé a traer té verde a la oficina, primero para mí, ahora nos turnamos para comprar una bolsa para quien guste.

    La verdad es que no es tan difícil identificar aquello que nos estresa y nos hace perder el piso, lo difícil es tomarse el tiempo para buscar algo que nos aleje de esa sensación de pesadez que nos origina, aunque sea tan simple como estirar los brazos.

    Un abrazo.

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